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Los premios cinematográficos siempre han estado rodeados de polémica, ya que si bien sirven para enaltecer los logros de las películas de un año concreto, en cualquiera de sus categorías, también se basan en premiar a dicha película a través de aspectos subjetivos, puesto que al fin y al cabo son diferentes jurados los que votan para la mayoría de estos premios, de manera personal, por más que intenten ser totalmente objetivos. Así hemos visto premios a películas que seguramente no se lo merecían, y otras grandes producciones quedarse fuera por no encajar con lo que se buscaba en este tipo de premios. Los casos más flagrantes se han dado, como no, en los Oscar, seguramente los premios más importantes dentro del cine mundial, que entrega la Academia Norteamericana cada año en una ceremonia que es todo un evento.

Tener un Oscar es el mayor honor que un actor, director, guionista o productor podría desear, llegar a lo más alto en el mundo del cine. Sin embargo, este tipo de premios tampoco se salvan de la polémica, ya que en los últimos años se ha tildado a la Academia de ser poco inclusiva en sus galardones y nominaciones. Mientras la sociedad sigue avanzando hacia una igualdad real entre hombres y mujeres, o hacia el fin de la discriminación racial o étnica, Hollywood parece seguir premiando al mismo tipo de películas que ya galardonaba hace cuarenta años. Las cosas van a empezar a cambiar, eso sí, con los nuevos requisitos que la Academia impondrá a partir de 2024 para conseguir la nominación a Mejor Película, tratando de forzar esa nueva perspectiva más inclusiva.

Grandes cambios en la industria del cine

En las últimas décadas hemos vivido cambios muy importantes en la industria cinematográfica, donde ya no hay solo unas pocas productoras, siempre con hombres blancos al frente, dominándolo todo. De la misma forma que la sociedad avanza hacia una visión más justa y equitativa, el cine también está dando su nuevo lugar a las mujeres, los afroamericanos, los latinos y otras minorías que normalmente no solían aparecer en las películas, o si lo hacían, era para papeles secundarios, de alivio cómico o de objeto sexual, clichés absolutos que evidentemente no representaban la realidad social que había ahí afuera. En los últimos años, sin embargo, el empoderamiento femenino y la lucha racial también se ha trasladado al cine con películas como Ladybird, Moonlight, Call Me By Your Name… mostrando la gran diversidad de personajes que pueden liderar una historia sin caer en los clichés.

Los Óscars, cada vez más inclusivos

Las críticas empezaron a aflorar hace algo más de una década, principalmente por algunos actores y actrices de color, que se sentían infravalorados dentro de los premios más importantes de su industria. Denzel Washington o Halle Berry, algunos de los pocos premiados de color, alzaban su voz en os discursos para pedir más visibilidad para los actores y directores afroamericanos. Lo mismo ocurría con los personajes femeninos, que ya no eran solo femme fatales o comparsas de los protagonistas masculinos. La inclusión ha seguido a través de la muestra en pantalla de personajes homosexuales, transexuales y con diversidad funcional, y aunque todavía queda mucho por delante, Hollywood ha entendido que debe abrirse también a esa nueva diversidad, para seguir en consonancia con la propia época que nos toca vivir.

Nuevas condiciones para ganar a mejor película

De ahí que en un anuncio realizado este mismo mes de septiembre, la Academia de las Artes Cinematográficas, encargada de organizar los Premios Oscar cada año, haya resulto que a partir de la edición de 2024, las producciones que quieran optar al premio a Mejor Película deberán cumplir al menos dos de los cuatro nuevos requisitos que la propia Academia ha postulado para favorecer precisamente la inclusión dentro del cine americano. Esos requisitos tienen que ver con la aparición de personajes de minorías étnicas o raciales, o también de grupos históricamente discriminados, ya sea en pantalla o dentro de la propia producción, en puestos importantes de la misma o de la distribución del filme. Se intenta así dar más visibilidad en la pantalla y fuera de ella, pero siempre dentro de la industria, a los grupos menos representados.

En definitiva, se podría decir que lo que busca la Academia es evitar que todo el mundo siga pensando que Hollywood es una especie de secta dirigida por los hombres blancos de siempre. Se trata de abrirse a nuevas perspectivas, sobre todo en la historia, en la aparición de personajes tanto principales como secundarios que pertenezcan a grupos socialmente discriminados, minorías, etc.. Es una oportunidad para contar nuevas historias y darle más visibilidad a toda esa gente que hasta ahora no se había sentido representada dentro de las grandes producciones del cine americano. La visión se está abriendo poco a poco, pero todavía queda mucho trabajo por hacer.

¿Qué opina la gente al respecto?

La resolución de la Academia ha generado muchísima controversia tanto en Estados Unidos como en el resto del planeta, ya que muchos consideran que este movimiento es solo un lavado de cara que Hollywood trata de hacer para quedar bien en la era del MeeToo y el Black Lives Matter. Algunos hablan de discriminación positiva, ideada como campaña de marketing para seguir las corrientes progresistas que están agitando a la sociedad estadounidense en estos días. Muchos cineastas y productores defienden que ese tipo de requisitos no tienen nada que ver con el propósito final de la película, contar una historia, y que por tanto son erróneos, por muy bienintencionados que estén.

También hay muchos actores, directores y gente del gremio que ha aplaudido esta medida por entender que significa un paso adelante a la hora de visibilizar a las minorías en Hollywood y convertir el cine americano en una industria mucho más plural y diversa de lo que es ahora. Sin embargo, los requisitos suponen una obligación para todos aquellos que quieran participar en la elección a Mejor Película, y esto es, para muchos, como tratar de controlar el tipo de historias que se cuentan, o el tipo de actores que se contratan para las películas, favoreciendo la aparición de minorías étnicas y obligando así a tomar un camino muy definido y concreto a la hora de hacer películas, lo cual podría entenderse incluso como reducir la capacidad de creación de los directores, productores y guionistas.